viernes, 13 de febrero de 2009

Libertad de Credo, libetad de Pensamiento, LIBERTAD DE OPINION


Hay días que te levantas de mala ostia y otros que hacen que te levantes de mala ostia... Hoy es de los días en que me ha ocurrido lo segundo. Pones el pié en el suelo a las 7.00 am con el pensamiento fijo en el viernes y en el finde. Enciendes la radio para ver cómo va el mundo y empiezas a flipar. El Santo Pontícipe, alias el Papa, pide perdón al pueblo judío por la conducta impropia del sacerdote Richard Williamson, el cual iba a ser excomulgado, por no dar toda la credibilidad que debiera y minimizar el holocausto judío... Y flipo por que cada uno tenemos nuestra opinión, no sobre este tema, sino sobre cualquiera. Pero parece que no. Parece que según lo que pienses o mejor dicho según contra quién pienses esto tiene un riesgo.

No hace mucho una nueva ofensiva Árabe-Israelí se produjo. Todos fuimos y somos testigos de las barbaridades que los israelitas comenten contra los Palestinos y como mueren mujer y niños sin piedad y sin remordimiento. Toda la opinión pública clama sobre estos hechos y ¿qué ocurre? Nada. Sus socios del otro lado del Atlántico miran a ninguna parte o justifican las medidas (no vaya a ser que el lobby judio les corte el grifo). En las televisiones de todo el mundo "misteriosamente" empiezan a echar películas sobre la Alemania del 39. La industria de Hollywood se une al carro y nos sorprende en cartelera con Walkiria y Resistencia... y dentro de nada me apuesto cualquier cosa que volverá a nuestras pantallas la Lista de Schindler para que no nos olvidemos de lo malo que eran los Nazis y lo mal que se lo hicieron pasar a los judíos. Vamos, lavar conciencias para que pasen de villanos a mártires...

Ahora nuestra querida Iglesia se une también. El Papa se muestra trastornado y compungido y pide perdón. Visitará Israel para hacerlo en persona.

Santidad, no olvide cuando esté por allí, por Israel. Por la tierra que le robaron a los Palestinos en el 48, de darse una vuelta por el otro lado de la Franja. Quizá allí sea más necesaria su presencia y su perdón por dejarles morir como perros.




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