Cuando todo parecía perdido y nadie, o casi nadie, daba un duro por la eliminatoria. Cuando eran lo peor del mundo y las estrellitas caían del cielo heridas de muerte en su amor propio ante las críticas de unos y otros. Cual Ave Fénix resurgen de sus cenizas para remontar lo cuasi irremontable, con amago de cagada incluida. ¡Joder qué cursi me ha quedado!Pues así son los muchachos. Capaces de lo bueno y lo mejor. Capaces de lo malo y de lo peor. Capaces de crear ansiedad, nervios y excitación ante un mísero equipo que coquetea con el descenso a 2B y hacer que su afición, tan fiel como mala, lo celebre como si la primera Champions encontrara acomodo en la sala de trofeos del Club.
El Atleti es así,y mira que me jode esta frase sobre todo cuando se emplea para justificar lo injustificable. Si fuese la novia de cualquiera de nosotros podríamos usar cualquier escusa para dejarla excepto la monotonía. Y no sólo el Atleti es así, los Atléticos somos así. Vivimos en una montaña rusa de incertidumbre, subidones y bajones que se suceden en el tiempo de un suspiro. Vaivenes en lo deportivo que se contagia en muchos momentos de nuestra vida, y aquí hablo en primera persona ya que cada cual es cada cual. Fácil de ilusionar, de subir al cielo para ostiarse en 10 segundos, de rehacerse y volver a levantarse para afrontar un nuevo reto, cuando no el mismo… Ya se sabe “Si nos caemos, combato y me levanto”
Ahora orgullosos y con la cabeza alta miramos el próximo cruce de Copa. Buscamos y soñamos una nueva final que nos acerque otro título y nos haga tocar el cielo. Nos conformamos con poco. Sólo con ilusión. Esperemos que no tengamos que volver a derribar ídolos de barro en partidos venideros.

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