Lejos de ejercer el rol que ha de tener un taxista en mi amada ciudad, ser el mero chofer que a cambio de un importe, determinado por la distancia del trayecto, me lleva al lugar que yo quiero y por la ruta óptima (salvo que seas guiri, paleto o empanado), este sería su “modus operandi” normal, también hay currantes de este gremio que asumen y ejercen su profesión junto a otras frustradas: Políticos, Psicólogos, Concejales de Urbanismo, Meteorólogos, Comentaristas del Corazón, Deportivos…Ayer, después de tiempo sin disfrutar del servicio del Taxi, experimentamos y sufrimos en carnes propias a dicho espécimen. Y yo me pregunto ¿Por qué? Por qué hemos de sufrir estos ataques, por qué me da usted su opinión cuando no se la he pedido y realmente me importa una mierda lo que diga. Si al menos fuese sólo podría entender una interacción dialéctica que en ocasiones son agradables y amenizan el trayecto, pero meterse en una conversación privada… Bien es cierto que también hay usuarios de este servicio que confunden la funcionalidad del mismo y piensan que unido al importe del recorrido que puede durar unos 15-20 minutos tienes la opción de contarle tu vida y ser aconsejado o lo que sea por el que lleva el volante… Bueno, pues si tienes suerte y eres un necesitado de un Psicólogo y topas con alguno cuya profesión frustrada era ésta ¡Aleluya! Pero yo no caballero, no necesito un Psicólogo, al menos de momento, sólo necesito que me lleve a mí destino y me deje disfrutar del silencio o de la conversación que mantengo con mi amigo. Y ha de saber que me importa una mierda su opinión sobre lo mal llevado que está el fichaje de Ibrahimovic por el Barça o de la ilusión que le despierta el proyecto de florentino. Repito ¡Me importa una MI ER DA!
Caballero, por favor, lléveme a donde le indico y nada más. Muchas gracias.

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