Ahora nos queda el recuerdo y las fotos. El recuerdo de nuestra llegada y el inicio de nuestros “Free-Travels”. La llegada al hotel y nuestra primera toma de contacto con la Sendlinger Tor y su Sendlinger Strasse que pateamos alguna que otra vez camino a casa o de tienda en tienda y que nos condujo aquella primera noche hacia la Marientplatz.
El despertar temprano de cada mañana poniendo rumbo al lugar acordado…El primer día hacia la Odeonsplatz y vivir en primera persona la historia que esa plaza transmite. Bajar hacia el Feldhermhalle y terminar esa mañana, previa visita a la majestuosa Residentz, degustando un buen codillo acompañado con su oportuna cerveza bávara en el Hofbräuhaus mientras con una sonrisa en la cara echábamos la vista atrás intentado alcanzar lo que aquellas paredes vivieron hace unos 90 años.
Recordar la mirada al horizonte desde la ventana de nuestra habitación cuando volvíamos a amanecer y el cielo estaba teñido de gris. Dirigirnos a la espectacular Salzburgo, paseando por esas calles tan particulares, haciendo nuestras visitas culturetas a los lugares por los que anduvo pululando hace algunos siglos un tal Mozart y Schubert. Quedar impresionados a los pies de la Catedral y del castillo que preside vigilante en el alto.
No podían faltar tampoco nuestras visitas deportivas y así nos dirigimos una fría mañana Muniquesa, como todas, al Olympiapark buscando más recuerdos de hazañas históricas. Dando nuestra particular vuelta olímpica por las gradas al estadio. Y después del pasado visita al presente. Visita al Alianz. Un Alianz que recuerda a aquellos dirigibles de los primeros años del siglo pasado. Y dentro, marcados por esa huella que va inherente a nosotros, dejando de lado la “grandeza” de los Clubes que se hacen llamar grandes en este caso encarnado en forma de Bayern, visita a la tienda del Munich 1860 para valorar otro tipo de grandeza, la de su sencillez y cordialidad.
La última mañana previa a nuestro regreso nuestro objetivo era Dachau. ARBEIT MACHT FREI. Recibidos por una librería encaminamos nuestros pasos hacia las vías que conducían los vagones dentro del campo. Visita a barracones, museo, vallas, torres de vigilancia. Todo ello flanqueado de cientos de carteles informativos. Paseo de unas dos horas mirando y observando. Sacando nuestras propias conclusiones. Volvimos a flanquear la puerta de entrada. Volvimos a pasar al otro lado. ARBEIT MACHT FREI. Nos miramos, fue suficiente. No hacia falta nada más. Volvimos a la estación y rodeados de jóvenes de instituto que habían recibido la clase de historia “in situ” esperamos el tren que nos devolviera a Munich. He was right.
Nos quedaba la tarde. Tardes que normalmente solíamos destinar a visitas de museos. El primero día tocó el Deutsches Museum. El segundo hicimos un alto en el camino y nos decidimos invertirlo en compras que alternábamos con las últimas visitas a los alrededores de la Marientplazt. La última tarde a lo grande: alte y neus pinakothek con el añadido prescindible salvo por un par de detalles de la Pinakothek der Moderne y del Museum Brandhorst.
El último día amanecimos sin querer poner los pies en el suelo ya que sabíamos que implicaba el regreso. La despedida. Después de terminar de hacer las maletas jugando al tetris para lograr ubicar todo lo que volvía a España nos dirigimos al aeropuerto sin mirar atrás. Despidiéndonos en silencio.
Otro gran viaje, sin duda.

Si hasta se me ha escapado una lágrima...que grande eres!
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