Excéntrico, extravagante, con estilo de cualquier cosa menos de portero. Vestido casi siempre con camiseta verde y pantalones rojo o blanco en función de cómo vistiera aquella tarde su Equipo. Cara simpática, de buena gente, adornada con un bigote setentero y poco pelo en la azotea. Así aparecía cada vez que su Liverpool salía a jugar.Sin duda no estaría en la lista de los 10 mejores porteros del mundo es más, seguro que no ha sido ni de los 5 mejores en la historia del Liverpool pero también estoy convencido que cualquiera de los entrenadores que han pasado por esa gloriosa casa firmarían tenerle en su plantilla.
De él llamaba la atención casi todo. A mí particularmente me sorprendía ver como un inglés, o eso creía yo ya que realmente era sudafricano de nacimiento, defendía los colores de su selección de Zimbabue en la perdida África, rodeado de negritos en campos en los que el césped se tenía que adivinar. Hasta para eso chocaba y más para un crio de 8 ó 9 años que veía al simpático portero con bigote en alguno de los resúmenes de los sábados en Estudio Estadio tarde.
Ver como ganaba la Copa de Europa del 84 en el Olímpico de Roma, contra la Roma, en la tanda de Penaltis sin parar ninguno. Recuerdo las imágenes. Le recuerdo situándose bajo los palos y empezar a moverse como si le estuviese dando un "chungo" (Spaghetti legs) y haciendo de una manera indirecta que el penalti saliese muy por encima del larguero.
Ver 21 años después en Estambul, en un partido loco, como al llegar a la tanda de Penaltis a Dudek le poseía el espíritu del bueno de Bruce para darle de nuevo otra Copa de Europa en Forma de Champions a los Reds. Sencillamente genial.
Me encantan los jugadores así. Pasionales, comprometidos, viscerales, llevando la pasión por sus colores hasta las últimas consecuencias y dejando huella allá por donde pasa. Por todo ello honor eterno a Usted Sr. Grobbelaar. Un titular indiscutible en mi equipo ideal.

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