Hace ya algunas semanas que en Madrid se anuncia la proximidad de tan entrañables fechas. El alumbrado de las calles, cuyo motivo sigo tratando de descifrar entre esas formas informes que embellecen aún más a mí amado Madrid, dan el pistoletazo de salida a estas fiestas y a la carrera consumista en la que todos participamos a pesar de la famosa Crisis.El Centro se vuelve intransitable y me despido de él de forma voluntaria hasta mitad de Enero huyendo de calles en las que no se ve el suelo, de Plazas Mayores abarrotadas en busca de la figurita que nos falta para el Belén o para ampliarlo entre aquellos que aún conservan esta tradición frente a la del arbolito o de los que van en busca de la broma de moda o de aquellos que simplemente pasean. Huyo de las colas kilométricas de Doña Manolita, de las loteras de la puerta del Sol y de los subnormales de turno disfrazados de no sé qué y armados con botes de nieve artificial y/o serpentina para hacer la gracia sin gracia. Huyo y lo hago con pena ya que me encanta el Centro y el recuerdo de hace muchos años cuando aún se podía disfrutar de él sin tanto agobio y con la ilusión de un niño.
Llega la Navidad y se acumulan décimos y participaciones de Lotería en la cartera. Llegan las cenas con los amigos y de empresa donde mostramos la cara B de nuestra personalidad y apariencia. Llegan los buenos deseos y propósitos que se irán diluyendo conforme avance el año para volver a surgir dentro de doce meses.
He de confesar que mi percepción de estas fiestas ha pasado por distintas etapas.
-La de la infancia que esperaba esta época del año y su mañana de reyes. Que recuerda el Hogar de los abuelos engalanado de adornos, el montaje del Belén en su versión amplia que era todo un ritual y en cómo se llenaba casa y mesa de gente. Recuerdos fin de cena y rumbo a la Misa del Gallo.
-Una tapa posterior donde empezó a faltar gente a la mesa y el Belén en su versión amplia optó por el formato reducido. Donde la noche de reyes no tenía la magia de antaño y era sustituida por regalos predecibles con nombre y apellido entregados en Navidad.
-Y la etapa actual donde veo estas fiestas como un periodo de descanso, de desconectar con el día a día y de recogimiento en el sentido familiar. Una etapa distinta en la que el Belén ha quedado reducido a la mínima expresión y convive con el famoso arbolito. Una etapa de mesa camilla y brasero acompañada de bandejas inacabables de turrones de todo tipo, mi madre es así. Una etapa de disfrutar de la familia con móvil en estado off y que sólo toma vida para felicitar y recibir felicitaciones.
Ya está aquí la Navidad y sinceramente me alegro. Llevo un par de años donde ha vuelto la ilusión perdida en estas fiestas. Quizá haya vuelvo a asomar en mí el espíritu del niño que siempre he sido :)
Feliz Navidad a todos

Feliz Navidad querido amigo,ojala que recuperase su sentido pero para mi es Feliz Falsedad y no creo que cambie
ResponderEliminarToda la razón del mundo. Es una Falsedad pero redúcela a estar bien y agusto con los tuyos. Con eso basta, al menos para mí. Creo que ahí está su esencia.
ResponderEliminarUn abrazo grande